El Viaje Sagrado de los Mayas

Los mayas, desarrolladores de una de las culturas precolombinas más importantes de Mesoamérica, pensaban que no existía ser estático sino que todo estaba en constante movimiento y cambio, por lo cual los Dioses y su influencia sobre los hombres y su entorno eran diferentes en cada período. Los mayas del Post clásico consideraban al mar una fuente de alimentación y un medio navegable pero también una fuente de muerte ya que este mundo acuático era vinculado con el Xibalbá o inframundo. Así una travesía marítima implicaba una transición al más allá o una nueva vida del ser. Los puertos de Xamanhá, hoy Playa del Carmen, y principalmente Ppolé, hoy el parque Xcaret, constituían un punto de salida para las peregrinaciones que llegaban desde diferentes ciudades del mundo maya y se dirigían hacia el santuario de Ixchel en la isla de Cuzamil, hoy Cozumel. Este recorrido formaba lo que se llamó El Viaje Sagrado de los Mayas. La conquista española, la evangelización de los indígenas y el castigo a la idolatría hicieron que esto dejara de practicarse. Sin embargo, hoy se puede ser parte de esta travesía a través de una recreación del ritual.

Si estás en el Caribe Mexicano no podrás dejar de realizar esta experiencia que te pondrá en contacto con la cultura y los rituales más maravillosos de las civilizaciones existentes antes de la conquista.

Travesía

Este viaje constituye uno de los rituales más bellos y místicos. Se realizó principalmente en el postclásico tardío y se llevaban a cabo por dos razones principales: una comercial, ya que los mayas tenían como actividad prioritaria a la navegación mercante y la otra religiosa, ya que en Cozumel habitaba la Diosa Ix Chel, diosa maya de la luna, las mareas y la fertilidad. Así, para ellos el mar estaba en medio de una dualidad: medio de alimentación por ser la forma para desplazarse y mercar y un símbolo de muerte que lo volvía un sitio sagrado y respetado.

El viaje sagrado de los mayas comenzaba en Ppolé, hoy Xcaret. El nombre deriva del maya yucateco P’ole, procedido a la vez de la raíz p’ol, que implica “mercadería” y “trato de mercaderes”. El nombre de Xcaret proviene de la deformación en el castellano de “caleta”. El prefijo “X” en maya significa “pequeña”. Así, una traducción posible de Xcaret podría ser “pequeña caleta”. De allí partían las canoas traspasando en mar hacia la isla poblada más grande de México, Cozumel.

La importancia de Ppolé es mucho mayor que solo ser punto principal de las travesías. En el Chilam Balám de Chuyamel se lo menciona como el sitio de donde partieron los Itzaes para conquistar la tierra adentro de la península hasta construir Chichen Itzá, una de las maravillas arqueológicas más trascendentales del mundo moderno.

La experiencia

Hoy cualquier turista que desee conocer al máximo la cultura maya puede ser parte de esta travesía. Cada año en XCaret puede revivirse este ritual de la navegación maya gracias a la interpretación que han hecho los estudiosos de la cultura maya sobre antiguos glifos y narraciones de los cronistas de Indias. Hoy, para que esta tradición no sea presa de la extinción, alrededor de 300 canoeros realizan la travesía con disciplina y trabajo en equipo, valores seguramente heredados de los mayas.

Hoy la navegación rumbo a la Diosa Ixchel se realiza acompañada de actividades anteriores y posteriores. Después de 500 años el viaje sagrado puede recrearse con un estricto seguimiento al pie de la letra de la historia. Este régimen se manifiesta tanto en la vestimenta como en la música, los rituales, la danza y las ofrendas.

En este viaje se realizaban, y realizan en la actualidad, cuatro peticiones principales: fertilidad de la tierra, eso implicaba cosechas y pesca abundantes y paisajes exuberantes; buen clima con vientos favorables, lluvias equilibradas y temperaturas adecuadas; salud, que implicaba cuerpo, mente y espíritu en armonía y compensación; continuidad de la vida, que involucraba la permanencia de las especies según el orden natural del planeta.

El proyecto del viaje sagrado fue fundado en 2007 con la intención de no dejar en el olvido los rituales que fueron tan sagrados y significativos en las civilizaciones precolombinas.

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